LA PARADOJA DE LA SEPULTURA DE CRISTO
(SERMON NUMERO 10 ON ISAIAS 53)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado la Tarde del Día del Señor, 18 de Marzo de 2007
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9).

¿Cuántos sermones hemos oído de la sepultura de Cristo? Después de todo, Su sepultura no es sin importancia. De hecho, es el segundo punto del Evangelio.

“Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” 
     (I Corintios 15:3).

Ese es el primer punto del Evangelio.

“Y que fue sepultado” (I Corintios 15:4).

Ese es el segundo punto del Evangelio.

¿Cómo podemos decir que predicamos el Evangelio si nunca predicamos un sermón sobre el segundo punto de él? Pero, entonces, me temo que hay pocos sermones centrados en el primer o tercer punto. Creo que esa es una de las grandes debilidades de la predicación moderna. Debemos hacer el Evangelio céntrico. Debemos tratar la obra de Cristo con más respeto, y darle preeminencia en nuestra predicación.

El conocimiento del Evangelio no es meramente saber los hechos sobre Cristo. El verdadero conocimiento del Evangelio es el conocimiento de Cristo Mismo. Jesús dijo,

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

George Ricker Berry dijo que la palabra “conozcan” significa “conocer...por experiencia” (traducido literalmente de Greek-English New Testament Lexicon). Para ser Cristianos verdaderos necesitamos conocer a Cristo por experiencia. Un mero conocimiento de los hechos no es suficiente. Debemos conocer Su muerte por nuestros pecados, por experiencia. Debemos conocer Su sepultura por experiencia. Debemos conocer Su resurrección por experiencia. Ese es el camino de salvación. Ese es el camino de la vida eterna.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Para conocer a Cristo, debemos ir a la Cruz y ver por fe a Aquel que fue crucificado para expiar por nuestros pecados. Debemos ir también a la tumba de Cristo por fe y ser

“sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo” (Romanos 6:4a),

porque es al morir con Él que “nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4b).

Por lo tanto llegamos a nuestro texto para aprender de Su sepultura, para poder experimentarla con Él.

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9).

En este verso hallamos la paradoja de la sepultura de Cristo, la contradicción aparente, su adivinanza. Y luego hallamos la respuesta a la adivinanza.

I. Primero, la paradoja de Su sepultura.

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte...” (Isaías 53:9).

Los “impíos” eran los criminales. Los “ricos” se consideraban de honor. ¿Entonces, cómo puede ser su sepultura con los impíos y al mismo tiempo estar “con los ricos [en] su muerte”? Eso confundió a los comentaristas Judíos de antaño. Era una paradoja y contradicción aparente, en la mente de ellos.

Mas este rompecabezas se resuelve en el Evangelio de Juan. Jesús murió entre dos ladrones, uno a Su derecha y el otro a Su izquierda. Nuestro texto se refiere a ellos como “los impíos.” Jesús murió primero, pero los dos ladrones quedaron vivos.

“Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo... rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí” (Juan 19:31).

Los soldados quebraron las piernas de los dos ladrones. Les hicieron eso para que no se pudieran empujar hacia arriba y respirar, y así murieran rápido. Pero cuando llegaron a Jesús quien colgaba de la cruz en el centro, Él ya estaba muerto. Uno de ellos traspasó Su costado con una lanza para asegurar la muerte. Agua y Sangre brotó mostrando que Él ya había muerto de ataque al corazón.

Él no reinó en trono de marfil,
   En la cruz del Calvario Él murió;
A favor del pecador perdió todo,
   Y desde una cruz su reino Él miró.
Una cruel cruz su trono se volvió,
   Su reino solo en corazones se halló;
En rojo escarlata Su amor Él escribió,
   Y de espinas Su cabeza se coronó.
(traducción literal de “A Crown of Thorns”
      por Ira F. Stanphill, 1914-1993).

Pero algo inesperado aconteció. Dos hombres muy importantes llegaron a pedir el cuerpo de Jesús. José de Arimatea que era un hombre rico, y miembro del Sanedrín Judío, y Nicodemo, maestro de los Judíos, quien había ido a Jesús de noche (vea Juan 3:1-2). Ellos habían sido discípulos en secreto, pero salieron a luz por primera vez. Realmente arriesgaron sus vidas al hacerlo. El Dr. McGee dijo,

No critiquemos a estos hombres. Ellos habían permanecido al fondo pero, ahora los que los discípulos del Señor se habían esparcido como ovejas y estaban bajo cubierta, estos dos hombres salieron a la luz (traducción literal de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson, 1983, tomo IV, p. 494).

José de Arimatea y Nicodemo se llevaron el cuerpo de Jesús. José era un hombre rico y puso el cuerpo de Jesús en su sepulcro nuevo,

“Y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue” (Mateo 27:60).

Así se explicó la paradoja de la sepultura de Cristo. Sí, se dispuso Su sepultura con los impíos por Su muerte en la Cruz entre dos ladrones. Mas Él fue sepultado “con los ricos fue en su muerte” (Isaías 53:9), en el sepulcro de un hombre rico. Cristo padeció la muerte de un villano, pero se le dio una sepultura de honra con los ricos. Esto muestra que la humillación de nuestro Señor se terminaba. Su cuerpo no fu echado a una tumba común con los dos criminales. Fue puesto con el respeto y la honra que Él merecía, en el sepulcro de un hombre rico y honorable. Y así con esto se aclaró la paradoja que a menudo confundía a los rabíes de antaño que estudiaban nuestro texto.

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte” (Isaías 53:9).

II. Segundo, la paradoja explicada.

La segundo mitad de nuestro texto muestra por qué Cristo, pese a morir en deshonra con ladrones, fue sepultado con honra y respeto. Por favor lea de pie la segunda mitad que comienza con las palabras, “aunque nunca hizo maldad...” (Isaías 53:9).

“Aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca”
      (Isaías 53:9).

Se pueden sentar.

Esto da el por qué de la honra la sepultura de Cristo. Esta honra le fue dada porque nunca hizo maldad; no dañó a nadie. Él no era culpable de opresión ni de robo, ni de homicidio, ni ningún tipo de crueldad. Él jamás alzó multitudes en rebeldía, ni activó motines contra el gobierno de los Judíos ni de los Romanos. Ni hubo engaño en su boca. Él jamás enseñó falsa doctrina. Nunca engañó a nadie, según le acusaron. Esa fue una mentira descarada. Él nunca atentó retirar a nadie de la verdadera adoración a Dios. Él constantemente cumplía y respetaba la ley de Moisés, y los profetas. No era enemigo de la religión de ellos ni del estado. Verdaderamente no era culpable de ningún pecado. El Apóstol Pedro dijo que Cristo,

“no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (I Pedro 2:22).

El Dr. Young dijo: “Se le dio [a Cristo] un sepelio honroso después de una muerte sin honra por su inocencia perfecta. [Como] no había actuado como sus enemigos criminales, no recibiría [un] sepelio en desgracia con ellos, sino una sepultura honrosa con los ricos.”

Eso me recuerda a Winston Churchill, que escogió un sepelio honroso al lado de su padre en un cementerio de una iglesia campesina, en vez de lo que él consideraba menos honroso entre los enemigos de su padre, y sus propios enemigos, entre hombres que habían traicionado a Inglaterra, pero que habían sido sepultados con gran pompa y ceremonia en Westminster Abbey, a pesar de sus actos de apaciguamiento enfrente de la maldad.

Jesús, por supuesto, fue el hombre más grande que jamás haya vivido. Sí, Él era y es hombre, “Jesucristo hombre” (I Timoteo 2:5). Su grandeza yace en el hecho de que Él dio Su vida voluntariamente para pagar por nuestros pecados ante la vista de Dios Padre. Poco tiempo antes de ser crucificado, Jesús dijo,

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Una cruel cruz su trono se volvió,
   Su reino solo en corazones se halló;
En rojo escarlata Su amor Él escribió,
   Y de espinas Su cabeza se coronó.

Y ahora, amigo mío, ¿qué harás tú con Jesús que es llamado el Cristo? Como lo puso C. S. Lewis, hay dos posibles respuestas – “Le puedes escupir y matarlo como a un demonio; o puedes caer a Sus pies y llamarlo Señor y Dios.” ¿Cuál será la tuya? La única tercera opción es ignorarlo por completo, y continuar con tu vida como si Su dolor y sufrimiento no significasen nada. Siento más dolor por aquellos que tratan al Salvador con tal deshonra. Yo oro de que tú no seas uno de ellos.

Para que no olvide el Getsemaní;
   Para que no olvide Tu agonía,
Para que no olvide Tu amor por mí,
   Al Calvario llévame.
(traducción literal de “Lead Me to Calvary”
   por Jennie E. Hussey, 1874-1958).

Oro que vengas a Jesús, confíes en Él con todo tu corazón y pases de muerte a vida en la conversión Cristiana verdadera. Amen.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Juan 19:30-42.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Lead Me to Calvary” (por Jennie E. Hussey, 1874-1958).

EL BOSQUEJO DE

LA PARADOJA DE LA SEPULTURA DE CRISTO
(SERMON NUMERO 10 ON ISAIAS 53)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53:9).

(I Corintios 15:3-4; Juan 17:3; Romanos 6:4)

I.   Primero, la paradoja de Su sepultura, Isaías 53:9a; Juan 19:31;
Mateo 27:60.

II.  Segundo, la paradoja explicada, Isaías 53:9b; I Pedro 2:22;
I Timoteo 2:5; Juan 15:13.